"LA HISTORIA DEL BLUES"

Vida y Tiempo

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7.- La Pistola y el Corazón

 

Jack no puede estar encerrado y huye de la cárcel a través de los pantanos en una noche de sofocante calor. Sus compañeros de fuga mueren acribillados por los policías que les persiguen o devorados por los caimanes, excitados por el olor de la sangre. Sólo Griffin se salva y, tras unos cuantos días de rocambolesca persecución dirigida por el sheriff LeFreak (¿quién si no?), burla el cerco policial y consigue llegar a San Antonio, Texas. Su próximo e imperioso objetivo es seguir despistando a su celoso acreedor y lo hace sumergiéndose de lleno en su traidor afán outsider. Se deja crecer el bigote, se mete en la música de los inmigrantes ilegales hasta la médula y adopta el idioma, los modos y maneras de sus nuevos conciudadanos. Las mujeres -y, por lo tanto, los celos- consumen a J.G., las pistolas cuelgan de su cinturón, la tequila corre a raudales: ¿hay combinación más explosiva? Entra a formar parte de Perfecto Mundo y su Mariachi como guitarrista y cantante. La influencia de Griffin en la música de los chicanos hace acuñar el término tex-mex, mezcla de blues-rock y rancheras que haría furor en los hispanos de todos los Estados Unidos. Bajo sus propias pistolas (1961) es composición suya y parece reflejar la pasión irrefrenable por las armas de fuego que Griffin sintió en esa época.


 

 

 

 

8.- Carreteras, Motos y Vámonos al Oeste

 

Nuestro hombre adquiere un verdadero arsenal, con rifles de mira telescópica incluidos y se le ve pasear por Dallas en 1962. ¿Tuvo algo que ver este hecho con el asesinato de JFK? ¿Estaba el viejo Nick apostado en otra ventana de Elm Street? Algo fue, en todo caso, lo que le hizo fijar a Jack Griffin la mirada en la Costa Oeste, la eterna Tierra Prometida, y los nuevos movimientos que allí surgían. Se instala en Lancaster (California) y entra en contacto con una cultura que le resulta ridícula pero lo suficientemente estimulante: los Hell Angels y el culto al tatuaje y la Harley Davidson.. Griffin forma su propia banda, Total Disaster, tras un accidente de moto en el que parece reconocerse la mano oculta de Nick LeFreak de nuevo. En el grupo militan Adolfo "Fito" de la Parra y Al "Blind Owl" Wilson, ambos más tarde miembros de Canned Heat. La nostalgia que sentía por Texas en sus primeros tiempos californianos le hace escribir y grabar en 1966 Take me to my Lone Star Country ("Llevadme a mi Texas natal"), triste e irónico al mismo tiempo, que influenció a toda una generación de bluesmen blancos e inspiró la película "Easy Rider".

 

 

9.-Las Puertas de la Percepción

 

Una extraña sensación invadió a Griffin en la California de finales de los sesenta: el blues, tal y como se conocía hasta entonces, había llegado a la perfección y, por lo tanto, había agotado los caminos tradicionales. Una necesidad de huida -física, psíquica y musical- le lleva a consumir LSD y todo cuanto psicotrópico se le ponga delante. Las películas de Walt Disney le aterran y manadas de pterodáctilos amenazadores sobrevuelan la caravana en la que vive con una comunidad de alucinados, extravagantes y desquiciados freakies. Lee a Artaud y su cerebro empieza a tantear el tenebroso terreno de las tinieblas diurnas. Por primera y única vez en su vida de relaciona con músicos ingleses, aunque sólo es por carta. Syd Barrett, alma mater de Pink Floyd, le escribe desde su propio abismo esquizoide y le hace saber que, en los dominios de lo inexplicable, todos los hombres están solos y que, mire usted por donde, la vida es más rara que Dios. El encuentro con almas gemelas del calibre de Don Van Vliet (más conocido como Captain Beefheart) y Frank Zappa produce un resultado asombroso en el que textos lisérgicos se funden con sonidos de auténtica vanguardia. Bajo el nombre de Sargent Fishliver compone en 1970 The little dwarf and the three Snownuts ("El Enanito y las tres Blancanueces") para Luigi and the Wise Guys (banda de tarados donde los haya) que se incluye en su álbum más conocido: Under a Hoodoo Mask.


 

 

10.-Orgullo Negro, Liberación Sexual y Nueva York

 

Se desvanece el sueño hippy y el flower-power se aletarga entre el humo de un narguile mareante. Todo esto resulta tan imperdonable para Nick LeFreak que, para rematar la jugada, nuestro malo particular intenta a la desesperada dejar claras sus intenciones dando muerte a Janis Joplin, Jim Morrison y Jimi Hendrix: todos esos nombres empiezan por "J" y el de Jack Griffin también. Captado el mensaje, y con un ansia brutal y compulsiva de renovación, nuestro protagonista emprende un nuevo viaje/huida, esta vez hacia el este. Objetivo: Nueva York. En la Gran Manzana empieza un resurgir de la música negra a la sombra de los nuevos movimientos de liberación afro-americanos. El black power (y, en su nombre los Panteras Negras) pretende vengarse de tantos años de Klu Klux Klan y segregaciones crueles. El grito de James Brown ("Dilo alto: soy negro y estoy orgulloso de ello") es el pistoletazo de salida de una revolución social, sexual y musical que, ¡ay!, tampoco esta vez será televisada. Griffin, después de tanto tiempo integrado en la cultura blanca, acepta la nueva llamada de la sangre y se instala en Nueva York, hábilmente camuflado para burlar a LeFreak, entre los nuevos músicos de funk, herederos de James Brown y de Sly and the Family Stone. Son los primeros balbuceos de una nueva era de grafittis, zapatillas deportivas, orgullo negro y poderosísimas bases rítmicas, en la que el blues tradicional era el equivalente a la actitud sumisa del Tío Tom, lo que la juventud negra deploraba. Griffin es un blasfemo para Dios en su actitud vital y sus letras; y también lo es para el Diablo en su traición para con la música (el blues) que tanto trabajo le había costado implantar. Griffin y sus nuevos amigos, agrupados en apabullantes bandas, ponen los cimientos de lo que más tarde sería el rap y todo el desarrollo de la música negra en los ochenta. No tits, no love ("Ni sí ni no") está grabado en 1975 y en un estudio del Bronx bajo el nombre de Green Express.

 

 

11.-El Crack, el SIDA y la Silla Eléctrica
 
LeFreak está más resentido y cabreado que nunca e intenta utilizar la táctica de Herodes (matar a todos para matar a uno) para acabar con su díscolo socio. Introduce el crack y el SIDA en la comunidad negra pero, como en el bíblico caso, falla estrepitosamente. Jack no pica pero a su alrededor se libra la batalla final de una terrible Guerra fría entre el Bien y el Mal. Sólo le queda al viejo Nick una opción para conseguir su objetivo: dejarse matar. La única forma de conseguirlo es poniendo a los pies de Griffin a la más hermosa de las mujeres y seduciéndola después. J.G. se enamora perdidamente y observa cómo el más preciado bien que ha pasado por su vida acaba entre los brazos de su pegajoso enemigo. Consciente de la trampa sin embargo, nuestro héroe decide que ya está bien, que se acabaron las contemplaciones y que está cansado de este siglo XX cambalache, problemático y febril. Con la frialdad del suicida, decide acabar con su insoportable patrón de un tiro entre las cejas, sabiendo que eso le llevará a la silla eléctrica. Lo hace y es detenido y condenado. Pero Griffin tiene tiempo antes de ir al talego de introducir un nuevo concepto en su particular cruzada contra el aburrimiento. La versión original de Kill the bad guy and get the girl ("Mata al malo y pilla a la chica") aparece en 1988 bajo el nombre de Neutron Smith y el sampler (un insulto, mayor si cabe, para LeFreak que la guitarra eléctrica) echa humo entre los surcos del disco. ¿Es el hip-hop la última de las opciones del blues para sobrevivirse a sí mismo?

 

12.-Revelación y Muerte

 

En el corredor de la muerte (sin apelaciones: Griffin quiere morir como Gary Gilmore) hay un mapa de los EEUU que nuestro héroe repasa mentalmente cada día. La noche anterior a su ejecución descifra por fin su significado. Su vida ha sido un itinerario perpetrado con premeditación, alevosía y nocturnidad. Su recorrido a lo largo del Mississippi es una línea vertical y su viaje desde el oeste (California) hacia el este (Nueva York) es una línea horizontal. El dibujo de su vida es, pues, una cruz. Tremenda ironía: él, que tan libre ha vivido, ¿ha sido, acaso, un simple peón en medio de una absurda apuesta entre el Bien y el Mal?. Antes de ser ejecutado, Griffin deja escrita su última canción a un compañero de celda, músico también y que curiosamente se llama Griff Jackson y que en la vida cuvil se dedica al rentable oficio de predicador. En 1999 y al salir de la cárcel, Jackson graba en Harlem God's got a plan ("Dios tiene un plan") con un grupo de gospel. Cuando camina hacia la Vieja Chispita (Old Sparky), la silla eléctrica que va a dar cuenta de su aún joven pero maltratado cuerpo, J.G. (ajeno a la pompa y la circunstancia que le rodea) reconoce en el sacerdote, que a su lado balbucea unos irreconocibles salmos, al viejo Nick. El amigo Griffin no es un iluso, sabía que no se podía matar al Diablo, y sonríe mientras unos funcionarios ajustan las correas que le atan a la silla. Curioso: la silla no se parece en nada a la cruz (un sistema de ejecución anterior a la electricidad) que el padre LeFreak enarbola triunfante ante él y que a Jack le parece ahora un sarcasmo. Segundos antes de que el chispazo final deje a oscuras la prisión, su viejo enemigo se agacha y le murmura al oído, para que nadie se entere, un mensaje final que Griffin escucha impávido: -Me has traicionado a mí y por lo tanto has traicionado al mundo. Yo me he dejado matar (como un judío analfabeto hizo hace dos mil años) para que tú ahora mueras y todo siga como hasta ahora, conmigo pero sin ti. Te desvanecerás en la nada y Dios seguirá ajeno a los sufrimientos de los de tu raza, o sea, de los que no tenéis raza ni condición ni maldita la gracia. Sea tu última voluntad tu última canción y déjanos entrar en paz en este nuevo milenio de horror que estoy preparando y que tú has intentado por todos los medios adaptar a tus ideas. Arde y sangra, pues. He dicho.

 

 

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