- En mayo de 1993, Siniestro Total viajó
a Memphis para grabar su nuevo disco bajo la producción de Joe
Hardy. La estancia en la ciudad
sirvió para algo
más que para grabar una colección de canciones en los míticos estudios Ardent. Recorriendo los juke joints que aún quedan por los
barrios negros, descubrimos la práctica más genuina del blues en esas noches de calor en
las que el tiempo se detiene. De día nos sumergimos en enormes almacenes de objetos de
segunda mano donde se podía comprar desde un casco inglés de la Primera Guerra Mundial
hasta una Barbie de coleccionista. También había montañas de libros robados a la
Biblioteca Municipal de Memphis y unos cuantos discos antiguos de pizarra a 78
r.p.m. Pocos había de blues porque el coleccionismo ha provocado que las reliquias del
género se coticen como objetos de arte que cambian de manos por cifras astronómicas.
Pero encontramos dos que llamaron nuestra atención: uno de Snooky
Prior y otro de un tal Jack Griffin. Este
último nos resultaba absolutamente desconocido y en la casita en la vivíamos había
reproductores de CD y de video pero no podíamos escuchar vinilo y mucho menos discos
antiguos, así que nuestro hallazgo pasó a la maleta de souvenirs sin más pena ni gloria
que los relojes de Elvis que compramos a nuestros familiares. Unos meses después de
regresar a Galicia y repasando las cosas que nos habíamos traído, descubrimos el disco
de Jack Griffin, buscamos un reproductor adecuado y
escuchamos asombrados lo que salía de aquellos surcos.
- ¿Quién era ese hombre que nos hablaba de extrañas pasiones
humanas envueltas en una música arrebatada y cruel? Decidimos comenzar una investigación
que resultó ser complicada y lenta. Poco a poco iba apareciendo el nombre de Jack Griffin en referencias breves en libros y discos. Había
un J. Griffin que tocaba el banjo en una banda de
Dixieland de Vicksburg (Mississippi) y había un Jack Griphon
(las gentes del Sur lo pronuncian igual) en la lista de presos que tocaba en un disco
grabado en la prisión de Angola que es como se llama la cárcel del Estado de Louisiana,
disco publicado en los años setenta en España por el sello Guimbarda. Sería inútil
contar aquí cuál ha sido el enrevesado periplo que nos ha llevado hasta este disco.
Basta decir que reconstruyendo la historia de nuestro personaje nos hemos encontrado con
un
a
extraño hilo que recorre toda la música americana del siglo XX. ¿Eran hombres
distintos, con el mismo nombre, todos los Jack Griffin
que nos íbamos encontrando o se trataba del mismo personaje que disfrutaba de una
sobrenatural longevidad? Entre la historia y la leyenda, Siniestro
Total ha reconstruido los hechos de los que dispone como si de unos nuevos
manuscritos del Mar Muerto de la cultura popular hubieran aparecido ante nuestro ojos. El
resultado es este disco de homenaje que recrea el estilo y las maneras de un hombre que se
embarcó en un descenso frenético a los infiernos.
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